Los 4i1F (4 ingenieros y un fisiatra)

Los 4i1f
Cinco amigos interesados en participar en el “Desafío Andes”, el cruce de los Andes en mountain Bike. Hasta acá nada distinto a otros grupos de amigos que hemos recibido a lo largo de estos años. Pero el “caso” gana relevancia: se conocen desde hace más de treinta y tres años, son mayormente compañeros desde tiempos de facultad de Ingeniería y tienen entre 54 y 58 años. Esto le pone mucho más color.
Cacho, Oscar, Jorge y Luis, ingenieros, clínicos al detalle, autores de razonamientos muy analíticos en una gama amplia de diferentes problemáticas de la vida. Adrián, kinesiólogo y fisiatra, viene a desestructurar a este grupo de amigos del cálculo que como él dice, lo necesitan para entender que hay personas que voluntariamente eligen….no ser ingenieros.
Por sus apellidos, parecen la defensa de Italia en el mundial del ’82 y ante el resto de los participantes de la travesía se identifican como los 4i1f (4 ingenieros, 1 fisiatra).
Tienen la costumbre de hacer viajes en grupo, la cultura de la buena convivencia y experiencias de viaje muy variadas, desde un trekking invernal y austero en el Cerro Tres Picos a presenciar la final de la Copa Davis en Serbia en la que Argentina se queda con la ensaladera de plata.

Adrián es un adelantado y le lleva la idea al grupo y Cacho, ungido como líder del grupo, tiene la misión de informarse y analizar todos los pormenores que envuelven el embarcarse en una empresa como esta, filtrar alguna idea alocada, distribuir la información entre sus amigos y en todo caso ponerle la firma y el “aprobado”.
El proyecto comienza mucho antes y creo yo que de forma inconsciente. Un año antes del cruce de los Andes eligen acompañarnos en una travesía en Uruguay, sin saber que era la preparatoria para el sueño más grande. Sospecho que se animan a participar, no solo para seguir reforzando lazos y vivir experiencias que enriquecen su historia en común, sino para saber de qué son capaces y en donde están flojos, para que el proyecto no tenga puntos débiles.
Y no nos vamos a engañar, en ese ánimo analítico que los acompañará de por vida, vinieron a estudiarme también, y sin saberlo fui el conejo de una auditoría ciclística y organizativa para saber “si este pibe es responsable e idóneo”.

En el grupo hay varias asimetrías y tienen ocho meses para intentar emparejarlas. Y desde ya que la juntada ciclística de los domingos no es suficiente como entrenamiento preparatorio, es más es solo el aperitivo. Hay que sumar más entrenamiento semanal en el KDT (circuito de ciclismo de la Ciudad de Buenos Aires), gimnasio, nutrición y Spinning.
Oscar, deportista de raza, había participado de todas las carreras de aventura que se le cruzaron en el camino y sin despeinarse. Si hubiera que cruzar la Patagonia mañana, él se anota y tiene el coraje, el entrenamiento y la bici listos para la aventura. Adrián estaba en buena condición física, pero era necesario aumentar el volumen de entrenamiento para llegar preparado. Luis, deportista de toda la vida, estaba desactualizado, debía postergar su vieja bici y comprarse una más decente. Cacho, según él expresó, tenía que cerrar la boca, comer menos y entrenar más, y Jorge…bueno Jorge tenía todo por mejorar!
Las malas lenguas dicen que Luis y Jorge casi quedan descalificados el primer día de entrenamiento, al presentarse a entrenar un domingo, uno en alpargatas, sin medias, sin calzas y en elegante pantalón “Capri” y el otro con el atuendo de “Deportivo Paraguayo” de la década del ochenta. Hubo clemencia y se les permitió presentarse a una segunda sesión de entrenamiento, con la condición de parecerse a un ciclista. Luis podría tranquilamente tener su show de Stand up en la Avenida Corrientes, perderlo por no haber sabido elegir el atuendo adecuado para la ocasión hubiera sido un pecado.
Convencer a sus esposas fue parte de un plan maestro: que mejor que invitarlas a pasar un fin de semana en Santiago de Chile cuando el cruce de los Andes hubiera terminado y de esa manera garantizarse sin reclamos la sucesión de ausencias familiares que implicarían los ocho meses de entrenamiento y los nueve días de travesía. El cálculo matemático siempre presente.

La travesía fue espectacular. Tuvo todo lo que uno puede encontrar en un cruce de los Andes: Dificultad física, horas de pedaleo a través de los paisajes más increíbles, días soleados de marzo, caminos polvorientos, serruchos, clima fresco, noches frías y viento…siempre viento. En ese verano el Volcán Peteroa había aumentado su actividad y durante varios meses emanó una columna constante de ceniza y vapores, lo que le dio más espectacularidad al tercer día del recorrido. Ese campamento, a la hora del atardecer, nos regaló una superproducción única de colores y majestuosidad. Participaron también en la travesía un grupo de colombianos, otros vinieron de Brasil, de Entre Ríos, Buenos Aires y Córdoba. En cada cena y cada sobremesa luego del Stand up de Luis, resolvíamos todos los problemas de Sudamérica con los amigos de Brasil y Colombia.
Los doscientos cincuenta kilómetros de travesía llevaron un esfuerzo físico enorme, no hay “galvanizado” posible que nos prepare para lidiar con el viento, las subidas, la arena y el serrucho, para dormir en carpa durante varias noches o utilizar el “toilette de campaña”. Solo el haberse entrenado y la buena predisposición ante las dificultades que van apareciendo.
¿Pero a fin de cuentas no se trata de eso? ¿de salir de la zona de confort y exponernos a nuevas experiencias en las cuales los problemas hacen todavía más grande la épica?
Nos mantiene fuertes y enfocados solo la convicción de estar esforzándose por un objetivo mayor, por una conquista que nos quede para siempre.
Jorge me dijo que desde ese entonces se dedicó a transmitir lo grandioso y maravilloso que fue el camino y no la meta en sí misma. Y cuando se refiere al camino, se refiere a todo lo que sucedió desde la invitación de Cacho hasta el día que recibió su bici en la vuelta. Adivino que es un sentimiento que le pertenece a los cinco.
La amistad fue un pilar para que los momentos difíciles sean más tolerables y que los momentos más lindos queden atesorados para siempre. La inmediatez de la respuesta de los cinco, ante mi propuesta de escribir este pequeño relato, no hace más que confirmar cuan presente tienen este recuerdo.

Mariano D’Alessandro

Comments

Pablo Giménez
mayo 26, 2020
Tremenda historia la de estos 5.....espectacular...... No van a arrepentirse es muy buena travesía .....
Andrés Reyes “mono”
mayo 26, 2020
Que lindo relato Mariano, abrazo grande a esa linda barra. Me gustó mucho lo del “camino” Tal cual lo dijo el maestro Tabárez “el camino es la recompensa” y vaya si se aplica en tus travesías. Salú!
Silvia chimisso
mayo 29, 2020
Hermosa historia. Contada impecablemente como todas👍👍🚴‍♀️🚴‍♀️🚴‍♀️🚴‍♀️
Jorge Petrocelli
mayo 27, 2020
Gracias Mariano por recordar y publicar nuestra historia. Me sigue emocionando. Este año se escapó talampaya pero espero en breve participar de alguna de tus otra propuesta de aventura. Gran abrazo.
Mariano
mayo 27, 2020
Gracias Jorge, yo me emociono con Uds. tambien! Ya vendrán más oportunidades de compartir la bici y la montaña. Gran abrazo.
Carina
junio 6, 2020
Lo estuve analizando para hacer sola este verano, pero no llegué a entrenar lo necesario. Leyendo este relato me anima a hacerlo con amigas. Gracias por compartir tan linda experiencia.
Ricardo Perlini
junio 9, 2020
Disfruto de los comentarios, pero me queda una duda. Por qué se hace el cruce por Paso Vergara desde Malargue a Curicó y no en sentido contrario ya que los vientos segun tengo entendido son del W?

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